Los clíperes de La carrera del Té

La presentación de La carrera del Té en Madrid fue un éxito de asistencia, la librería Robinsón se llenó de lectores  y aficionados al mundo de la navegación a vela. Víctor San Juan, el autor del libro, nos habló de los clíperes que inspiraron su novela con pasión y emoción. Ha tenido la gentileza de hacernos llegar sus notas:

Apuntes de Clípers

“Era de una belleza perfecta para cualquier hombre de mar. Podía hacer cualquier cosa excepto hablar”. “Caminaba sobre el agua como algo con vida”. “Fue puesto al límite de su velocidad durante tres meses, en un recorrido de 15.000 millas”.

¿Qué pensaríamos de un velero del que sus propios capitanes hablan de este modo?¿De qué barcos se trata?. La emoción nos conmueve cuando leemos aquel glorioso brindis al sol:

“En el último viaje asombré al mundo. En el próximo, intentaré dejar estupefacto a Dios Todopoderoso”

¿Cuáles son estos barcos de nombre Seawitch (Hechicera de mar), Lightning (Rayo), Stag Hound (Galgo) o Flying Cloud (Nube Voladora), que, navegando a gran velocidad lo hacían “con un hueso entre los dientes”, y sin casi viento, con todo el trapo extendido en inmensa catedral de vela, “ghosting” (fantasmeando), cuan inmensos espíritus surgidos de la calima y el horizonte?

Eran, en efecto, los clíperes. Clip es un concepto intuitivo muy fácil de comprender, pues, hasta entonces, las mercancías se habían transportado en naves mercantes de gran desplazamiento, carracas, urcas, galeones de la Carrera de Indias o mercantones de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales u Occidentales. Para estas últimas naves, la idea de “vaso”, capacidad, empujar las aguas, las unía en una gran familia comercial. El clíper, el que corta el agua, rompe este concepto, y se desmarca del pasado para constituir una clase diferente, efímera, si se quiere, que alcanzó una plenitud de apenas tres décadas, en dura competencia con el vapor. Pero también una categoría única.

Prosaicamente, diríamos que los clíperes fueron rapidísimos buques mercantes que hicieron del mundo un gigantesco campo de regatas a mediados del siglo XIX, asombrando a sus contemporáneos con sus hazañas, virtudes y tragedias. Pero, para los marinos, los clíperes son los barcos con los que los armadores de Boston, Nueva York y Baltimore revolucionaron el concepto de barco mercante: hasta entonces lo importante de un buque comercial era la carga y su capacidad. Con los clíperes, lo importante es el propio barco, sus características, alcance y posibilidades; el barco que transporta la carga pasa a ser una obra tan notable, que supera, con mucho, el valor de ésta misma, tanto en talento para el diseño, como en destreza para la construcción y creación, y pericia para llevarlo a alcanzar las metas más difíciles. El imperio victoriano decimonónico, por supuesto, no pudo ignorar el desafío marítimo: cuando los clíperes americanos de madera vieron llegar el ocaso a consecuencia de la Guerra de Secesión de EE.UU., los clíperes de construcción mixta británicos entraron el liza, brindando algunas de sus más bellas páginas.

¿Cómo eran los clíperes? Muy brevemente, esloras en flotación de 80 a 110 metros, desplazamientos de 800 a 2.500 tons., 3 a 4 palos de unos 60 m. de altura con 4 ó 5 velas cada uno, unos 5.000 m2 de trapo en total, velocidades de hasta 21 nudos y sostenidas de 16 y 18, navegando exclusivamente a vela.

¿Su origen? Costa Este EE.UU., de 1840 a 1850. Sus creadores principales, un ingeniero genial, John Griffiths, un atrevido capitán, Nat Palmer, y un creador incorregible, Donald McKay.

¿Sus marcas? Sea Witch, 1849, Hong Kong-Nueva York 74 días (antes 6 meses). Flying Cloud, 1851, N. York-San Francisco 89 días. Marco Polo, 1852, Liverpool-Australia 68 días (1 semana menos que el vapor Australia). 1854, James Baines, Boston-Liverpool 12 días y 6 horas. Red Jacket, fue a Australia en 69 días, y regresó, por el cabo de Hornos, en 63. 1860, el White Star fue en 68 d. y volvió en 65. 1867, Ariel, Hong Kong-Londres en 80 días.1868, Thermopylae, Londres a Melbourne en 63 días. Y un largo etc.

Las regatas: 3, la más señera, la Carrera del Oro de California, de Nueva York a San Francisco. La Carrera de Té, de Foochow, China, a Londres. Y la tardía Carrera de la Lana, de Inglaterra a Australia y retorno. Lindando ya con el siglo XX, la Carrera del Nitrato, a Chile, que ya sería atendida no por clippers, sino por windjammers, es decir, grandes veleros de acero.

Ganadores:

-En 1852, el John Gilpin gana la Carrera del Oro (15 participantes) en 93 d.

-En 1866, el Taeping gana la Carrera del Té (16 participantes) en 99 d.

-En 1867, el Sir Lancelot gana la Carrera del Té en 89 d.

-En 1868, el Ariel gana la Carrera del Té en 97 d., tras dos segundos

-En 1869, el nuevo Thermopilae gana la Carrera del Té en 91 d.

-En 1872, el Thermopilae gana al Cutty Sark de Shangai a Londres

-En 1875, el Thermopilae gana la Carrera de la Lana en 68 d.

-En 1881, el City of Agra gana la Regata de la Lana en 69 d.

-En 1885, el Cutty Sark vence y destrona al Thermopilae en la Carrera de la Lana.

Mas sepan ustedes, queridos contertulios, que los rumores de muelle decían –Richard Henry Dana en “Dos años a pie de Mástil”-, que los más veloces eran el John Gilpin, Ayacucho y el Ann Mckim de Baltimore.

Capitanes llevados al límite humano:

Waterman, del Sea Witch, acabó procesado en el Challenge. Jossiah Cressy, del Flying Cloud. Doane, del Taeping. Keay, del Ariel. El célebre Kemball, del Thermopylae; y el no menos célebre Richard Woodget, del Cutty Sark.

Triste final. Se suele creer que fueron los barcos de vapor los que destronaron a los clíperes, pero no es cierto. Los clíperes aguantaron la competencia, llegando antes muchas veces, aunque encajando derrotas a veces como la del Sovereign of the Seas, obra maestra de McKay, frente al humilde vapor Canadá, de la Cunard, que le ganó por 48 horas.

No obstante, lo que derrotó a los clíperes fueron la mencionada Guerra de Secesión, donde se destruyeron muchos, y la apertura del Canal de Suez, que los hacía inviables. Perdieron los mejores fletes y fueron vendidos a otros países y navieras. Muchos se perdieron en incendios o embarrancadas. En el Loch Torridon, una ola se llevó al capitán, al 2º, al velero y a un grumete, y sólo se salvó el 1º porque se le enredó en la pierna una braza. El Ariel desapareció en el Mar de China. El Thermopilae, vendido a Portugal, que lo tuvo como buque escuela con el nombre de Pedro Nunes, fue hundido de blanco en un ejercicio de torpedos. Sólo se salvó el Cutty Sark gracias al capitán Dowman, que se abrió en 1957 al público en su dique de Greenwich. Pero se quemó en 2008, cuando ya experimentaba un grave proceso de corrosión en su estructura. Actualmente se ha restaurado.

Estos fueron los barcos que nos hicieron soñar, los últimos grandes veleros mercantes, capaces de penetrar en lo más profundo de un mundo lejano para regresar de allí cargados con la hierba aromática como alma que lleva el diablo. Tal vez por ello, desde entonces, todo barco que va lejos, rápido y da cualquier cosa por bien empleada con tal de ser el primero en llegar, merece ser llamado como de “alma de clíper”.

Victor San Juan, 2011

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8 respuestas a Los clíperes de La carrera del Té

  1. Charly Chan dice:

    Me parece un autor muy intereante para los que nos gusta el mar y la vela. Ameno divertido y, a veces, muy técnico y docuemntado.
    Me cuesta a veces conseguir sus libros en las grandes librerias (vendería más si estuviera mejor distribuido).
    De todas formas merece la pena cuando se tiene el libro en las manos pues se pasan las horas sin enterarte.
    Muy recomendable.
    Charly Chan

  2. Pablo dice:

    Hola Charly Chan,
    Gracias por tu comentario, me alegro de que te gusten los libros de Víctor San Juan.
    Tienes razón respecto al tema de la distribución, estamos sumergidos en la vorágine de las novedades de las grandes editoriales y es difícil hacerse un hueco en las estanterías de las librerías generales, afortunadamente tenemos nuestras incondicionales, además de las librerías especializadas y de todas formas seguimos luchando por estar allí.

  3. Javier dice:

    ¡Un libro en el que los protagonistas de verdad son los barcos! ¡Que maravilla! Sentir sus anelos y desdichas, disfrutar con su visión y sus logros y sufrir con sus vicisitudes, ha sido una gran experiencia.

    Gracias, Victor San Juan, por regalarnos los grandes momentos que pasamos los lectores con tan interesante, amena e intructiva historia.

    Gracias Noray por publicarlo y darlo a conocer. Estoy seguro que el esfuerzo ha merecido la pena.

  4. Alfonso dice:

    Interesante novela de fácil lectura de otro tiempo y otro lugar, con estética actual y una sensivilidad técnico/científica exquisita.
    Rigor técnico, sensivilidad evocadora y poética del mar en un guión de intriga algo confuso pero donde, embarcados en los románticos “clippers” ingleses, al lector consigue emocionar.

  5. Joan LLopis dice:

    Victor San Juan se ha lucido con “La carrera del Te”.
    Los amantes del mar y la navegación que disfrutamos con sus libros, tenemos en esta novela, casi una poesia, un relato que te llena desde principio a fin que no puedes dejar de leer.
    Enhorabuena y gracias.

  6. El Cote dice:

    Añade a un enciclopédia sobre clípperes, una aventura histórica, y sobre todo una caracterizacion profunda de sus protagonistas y obtienes…. un libro que te cuesta dejar hasta que no lo has terminado.

  7. cassoler46 dice:

    Que frescura de novela para los amantes de los barcos y de las regatas. Da igual el tamaño, el capitán conoce su barco, el pequeño bambú como el clipper, el que vive en un velero y regatea lo conoce aunque lo esconda en el desguace. Toda la novela está abierta, sin demasiada concreción para que el lector pueda imaginar, comparar, vivir sus propias proezas y soñar. Si se me permite la comparación, parece una pintura actual, expresionismo puro donde el autor narra sus sentimientos con las palabras necesarias y ni una mas,la carreta contra el vapor, la ola que barre la cubierta, la tormenta en el canal y la llegada a puerto, uf que bonito. Ánimo Victor como se nota el sabor a sal después del roción y cuantos.

  8. juan dice:

    Soy asiduo lector de Victor Sanjuan. Su “Pequño Escota”, o su ” Soy Capitan ” me parecen unos libros geniales, muy entretenidos y que te hacen querer mas si cabe al mar y a su gente. Con ” La Carrera del Te” sube un peldaño mas y nos muestra unos hechos históricos desde un punto que parece que el lector sea uno de los tripulantes de esos maravillosos clippers que tan bien descritos están en su libro. Creo que tanto éste libro como los anteriores que he nombrado se podrian trasformar sin ningún problema en un guión para una excelente película. A ver si Noray se moja un poco con el autor y me mueve en este sentido.

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