10º aniversario de la desaparición de Eric Tabarly

Tabarly

Con motivo del 10º aniversario de la desaparición del gran navegante francés he escrito estas líneas inspiradas en el libro Tabarly, biografía escrita por Benoît Heimerman, y en una noticia que salió en el Yachting World.

La noche del 12 al 13 de junio de 1998, el Pen Duick I navegaba por el mar de Irlanda con tiempo duro. Un foque pequeño y dos rizos en la vela mayor cangreja le parecían demasiado al patrón, que decidió arriar toda la mayor y sustituirla por la de capa.

Los cuatro tripulantes que acompañaban a Tabarly no tenían demasiada experiencia en navegación a vela, se trataba de un fotógrafo, un oficial de la marina francesa y dos compañeros de esquí de nieve. El fotógrafo llevaba el timón, mientras dos tripulantes estaban en el palo trabajando con las drizas y Tabarly estaba más a popa esperando a que bajaran el pico de la cangreja para amarrarlo junto a la botavara. La vela bajó con dificultad mientras el pico se movía con fuerza de un lado al otro, debido al balanceo que imprimían al barco unas olas de 3-4 metros. Al no tener el apoyo de la mayor, el barco que navegaba a un largo, da un fuerte bandazo, la verga pasa sobre la cubierta a gran velocidad y golpea a Tabarly en el pecho lanzándolo al agua sin remedio.

La verga ha golpeado al Capitán, y también a la moral del resto de la tripulación. Se encuentran en la más completa oscuridad. Lanzan un aro salvavidas en la dirección que creen más cercana al “hombre a agua” pero no lleva amarrada ninguna luz. Cuando logran sujetar el pico, recoger el foque que ha caído al agua, poner el motor en marcha y consiguen virar, ha pasado media hora desde que Eric cayó al agua. El barco avanza lentamente contra el viento y la mar, las 11 toneladas de desplazamiento son mucho para los 18 CV de su motor, que se parará al cabo de un rato.

Uno de los tripulantes consigue encontrar una bolsa olvidada con las señales pirotécnicas antiguas, las actuales estaban en otra bolsa que no consiguieron encontrar. Lanzan dos cohetes con paracaídas, que funcionan aunque estaban caducados, luego encienden una bengala pero no les ve nadie. Tratan de utilizar la radio, una VHF portátil que se queda sin batería a los pocos minutos

La búsqueda a la luz de una ridícula linterna resulta tan vana como desesperada. El traje de aguas de Eric no lleva ninguna luz ni banda reflectante. La noche transcurre lenta en medio de la desesperación de los tripulantes que poco pueden hacer ya en estas circunstancias. Al alba tiran otra bengala que llama la atención del Longobarda, un precioso maxi de regatas que pasaba por allí. Tiene que aproximarse hasta estar al alcance de la voz para que puedan explicarle lo sucedido, inmediatamente avisan a los servicios de salvamento británicos y franceses, pero ya es demasiado tarde.

Para eludir la polémica y las preguntas de los periodistas, los desgraciados tripulantes hacen público un comunicado. Habla de las circunstancias y da a entender el pesar. Eric Tabarly ha desaparecido y todo el mundo de la mar está de duelo.

Sin duda pueden extraerse muchas enseñanzas de este desgraciado accidente. Tabarly fue un genio de la navegación, un icono al que muchos hemos admirado, pero pagó muy caro el no haber dado la suficiente importancia a la seguridad abordo. Sin ánimo de entrar en polémicas, creo que la mejor forma de recordar al insigne navegante sería tratar de extraer cada uno de nosotros una enseñanza de su vida y también de su final.

El Pen Duick I

Maqueta del Pen Duick I
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3 respuestas a 10º aniversario de la desaparición de Eric Tabarly

  1. ANNIE WILDER dice:

    “…. no somos perfectos, ní los grandes maestros que afortunadamente nos dejan su enseñanza; no somos eternos, y sin lugar a dudas, nuestra mejor cuna nos espera!!!!”

  2. carlos ernesto tabarly dice:

    yo no se si tendre algun parentezco con este hombre era un genio

  3. Jorge Batista Prats dice:

    La vida en la mar tiene un nombre: previsión. Errores que se cometen en tierra llevan a la muerte cuando estamos sbre la mar. Tabarly era un Dios navegando, pero el océano no da dos oportunidades de equivocarse ni a los dioses. Yo también soy navegante. Gracias Tabarly. Has muerto por amor.

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