Discurso de Manuel Maestro en la presentación de Aventura en el mar helado

Queridos Elías, Pablo e Ignacio; queridos amigos; buenas tardes y muchas gracias por atender a nuestra convocatoria para la presentación del libro “Aventuras en el mar helado” del que es autor Elías Meana.

La primera aproximación importante que tuve con la Librería Náutica Robinson fue hace siete años, cuando estaba en marcha el proyecto de la Fundación Letras del Mar. Entonces entendí que el primer paso a dar era la creación de una biblioteca de cierta entidad, para lo que debía reforzar la que sobre temas marítimos había ido construyendo a lo largo de los años. Y una mañana me acerqué aquí con el objetivo de ir completando las principales  lagunas existentes en nuestros entonces incipientes fondos bibliográficos.

A lo largo de la jornada fui llenando la canasta de la compra con una serie de títulos que surgían de las estanterías del establecimiento, bien estructuradas en los diferentes temas: historia, navegación, narrativa etcétera. Y, recordando los textos que había cursado en mis estudios de Náutica, eché en falta una Geografía Marítima: la antológica de Corominas que me había desaparecido.

Nadie entre el eficiente personal de la casa tenía noción de la existencia de libro alguno sobre materia tan importante para los marinos y amantes de la mar, por lo que me remitieron al jefe: el capitán Uranga que me confirmó la inexistencia de ejemplar alguno que tratase sobre esta temática. Lo que dio pié a una conversación en la que ambos censuramos los programas de formación de los actuales navegantes, que se embarcan sin un conocimiento teórico de los mares que han de surcar y los accidentes geográficos que han de sortear.

Y así es como surgió la semilla de mi sólida relación personal y profesional con Ignacio y esta casa, que no voy a magnificar con el  calificativo de “sancta santorum” de la cultura marítima, pero que si podemos afirmar es una espléndida ermita, en la que las distintas capillas dedicadas a diferentes advocaciones pedagógicas y recreativas relacionadas con el mar nos ofrecen, a quienes hasta aquí peregrinamos, el alimento espiritual marinero que buscamos.

Dice Antonio Muñoz Molina que La literatura es un oficio que se ejerce en la soledad, pero que para cobrar sentido, para llegar a existir necesita de una red muy tupida de complicidades, y un cómplice imprescindible es el librero, por lo que cuando nuestra Fundación vertebró su consejo asesor, habida cuenta el conocimiento que tenía de Robinsón y la naciente amistad con su director, no dudé en acudir a él para que pasase a formar parte del mismo.

La tupida red de complicidades a que hace referencia el escritor y académico empieza a tejerse con las editoriales, que son las encargadas de materializar sobre el papel impreso el texto escrito por el autor, y la convocatoria de hoy es posible gracias también a Editorial Noray, al frente de la que se encuentra otro buen amigo, Pablo Zendrera, igualmente miembro de nuestro consejo asesor, cuya empresa han traído a este mundo especializado cantidad de obras, entre las que destacan la mayor parte de las escritas por Elías, entre otras la trilogía del “Piloto azul”, cuya última entrega presentamos hoy.

Elías Meana entra en la escena de mi vida, un buen día cuando acudió a mi despacho, acompañando a Ignacio Uranga que quería presentármelo para que se integrase a la aun nonata Fundación.

Se trata de una persona que, todos los días al salir de casa, se pone una careta de tipo duro, para disimular lo mucho bueno que esconde tras la misma. Y sin muchos rodeos me dijo que el quería integrarse en nuestra aventura, pero para trabajar, que sino no le interesaba. A lo que hice caso en su justa medida; pero el tiempo ha confirmado que la sinceridad es una de sus virtudes y, tras los seis años que llevamos en marcha, se ha convertido en uno de los puntales sobre los que descansa la tarea de la “Fundación Letras del Mar”. Es un “manitas” que nunca escurre el bulto, y se entrega a cuanto se responsabiliza. Elías es el compañero que quisiera llevar en el mismo bote en caso de naufragio.

A través de su amistad, he ido descubriendo facetas importantes de su vida, fundamentalmente la de escritor especializado en temas del mar, en la que ha conseguido dominio en el arte de narrar, mediante la forja de sí mismo, sus vivencias personales y una naturalidad innata en saber transmitir sus conocimientos a los demás, consiguiendo que el lector – principal cómplice del escritor- fabule con él y sueñe con las letras surgidas de su pluma.

Elías es oficial de la Marina Mercante, y en sus escritos se palpan tanto los siete años que estuvo navegando, como lo mucho que ha leído sobre el mar durante esa etapa y posteriormente. Lo que ha dado como resultado un nuevo oficio en el que, tras poner de forma adecuada una palabra tras otra, nace el mejor de los amigos, el que como un perro fiel siempre espera que vuelvas a retomarlo: el libro.

De estos “perros fieles”  creados por Meana destacan, entre otros: “María la bonita”, que fue galardonado con el Premio Nostromo en 1998, “Ganando Barlovento”, “Capitán de fortuna”, “Entre dos banderas”, “El operador General del Sistema Mundial de Socorro y Seguridad Marítima” la trilogía del “Piloto azul”, editadas por Noray, y “El operador general del Sistema Mundial de Socorro y Seguridad Marítima” de la que es coautor.

El último y antepenúltimo de estos títulos son fruto, tanto de su experiencia a bordo, como de sus años de trabajo en el Servicio Marítimo de Telefónica; y la musa le conminó a escribir los del “Piloto azul” durante su participación en cinco campañas científicas; primero como tripulante de la “Primera Expedición Española a la Antártida” a bordo de la goleta “Idus de Marzo”, y luego  formando parte del equipo que construyó la base Antártica Juan Carlos I, de la que llegó a ser jefe.

Las vivencias en el “continente helado” han marcado la vida de Elías que, a través de escritos, conferencias o conversaciones privadas, no ha cesado de hostigar la modorra de la conciencia ciudadana con palabras e imágenes tomadas de sus experiencias en los hielos australes, tendentes a preservar la naturaleza allí existente. Fruto de esa tarea concienciadora es el nacimiento del “Piloto azul”, un personaje fantástico, creado fundamentalmente para deleite y formación de los niños, pero también válido para entretener y concienciar a los mayores.

Se trata de las aventuras de un náufrago del navío español San Telmo, perdido en 1819 contra la costa de  la isla de Livingston que, tras 150 años, vuelve a la vida gracias a la erupción de un volcán que dormitaba en la isla Decepción.

El marino resucitado se convierte en un paladín de las tierras antárticas. Paraíso que trata de mantener libre de desmanes y codicias. Es una especie de “Tarzán de los Hielos” que, como el personaje de Edgar Rice, es auxiliado en su tarea por la fauna autóctona, fundamentalmente por dos amigos inseparables: un bonachón león marino de nombre “Dos Pelos” y una resabiada págalo hembra conocida como “Rascasota”, que son lo que la mona Chita es al héroe de la selva.

La primera entrega de la serie tuvo lugar en el 2005, con el título genérico “El piloto azul”, en donde se mezclan la realidad histórica del naufragio del buque español y la fantasía del marino, que reaparece siglo y medio después del hundimiento. Al navegante se le van sumando sus animales amigos, para defender este último espacio virgen, tan de actualidad por temas que saltan a la prensa diaria como: el agujero de ozono, el calentamiento de la tierra o la subida del nivel de los mares.

En la segunda, titulada ¡Intrusos!, nuestro personaje y sus amigos, apoyados por toda la fauna antártica, se enfrentan al peligro que, para el universo austral, supone el constante aumento del turismo llamado de aventura, para lo que deberán poner en práctica todas sus habilidades.

“Aventura en el mar helado”, que hoy presentamos, es el tercer tomo de la colección y en el mismo se desarrollan dos historias en el mar de Wedell; de las que se vale Elías para mostrar las dos caras de lo que acontece en la Antártida, llevándonos nuevamente de la mano del “Piloto azul” y sus amigo Raskasota y Dos Pelos, con los que compartiremos aventuras, como viajar  a bordo de un iceberg con una parte sumergida bajo el agua de más de doscientos metros.

Y no cuento más sobre la trama del libro, pues esta tarea le corresponde al autor, en la medida que crea oportuno puede desvelar.

La presente entrega, que creo va a distribuirse individualmente o coleccionada con las anteriores, está impregnada de la frescura con la que escribe Meana-no en vano su pluma ha permanecido mucho tiempo bajo cero- y es una muestra más de la necesidad que tiene el autor de hacer despertar nuestras conciencias, sobre todo las juveniles, acerca  de la importancia que merece cuanto acontece o deja de acontecer en aquél lejano continente, transmitiéndonos parte de ese “espíritu antártico”, del que se han impregnado quienes allí han trabajado.

Querido Elías, como te comenté este verano, cuando navegábamos por las cercanísimas y procelosas aguas del pantano de San Juan, quiero viajar a la Antártida, no solo para conocerla e impregnarme de ése espíritu, sino para sentirme cerca de los restos del navío San Telmo y de los marinos españoles que permanecen bajo las heladas aguas al sur del paralelo 60; cuyo recuerdo tan hábilmente nos traes con tus obras. Y como decía anteriormente, deseo embarcarme en el mismo bote que tu, que sabes un rato largo y te entregas a muerte en todo, para navegar juntos sobre “las letras del mar”.

Muchas felicidades y deseos de éxito tanto para ti Elías por tu trabajo, como para tu esposa Luisa María, a la que sin duda has restado horas de compañía, por este nuevo retoño que aquí presentamos envuelto en papel impreso y perfumado con tinta de imprenta. Muchas gracias por haberme permitido tomar la alternativa  en esta plaza tan bien gobernada por Iñaki Uranga, a quien en nombre de todos agradezco su hospitalidad; gracias a Editorial Noray, por divulgar el libro; y gracias al respetable público por su paciencia, lo que se verá recompensado con creces cuando den cuenta de las páginas de estas deliciosas “Aventuras en el mar helado”.

Muchas gracias.

(Manuel Maestro, Librería Robinsón de Madrid, 24 de septiembre de 2008)

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